Antimafia Dos Mil

En Palermo se presentó el libro ‘El regreso de la casta’

"Mientras decidamos desobedecer a los tiranos y respetar a la ley, mientras alcemos la voz, mientras ejerzamos nuestro derecho a la información libre y plural, mientras opongamos la razón y la emoción a los algoritmos, mientras resistamos, la casta no triunfará". Este es el fragmento con el que Sigfrido Ranucci concluye su libro El regreso de la casta, pero también es el tema central del encuentro con el público en Palermo, en la librería Tante Storie de Giuseppe Castronovo, donde el periodista fue entrevistado por Salvatore Cusimano.
Un debate largo e intenso sobre la actualidad que afecta al país y sobre el control que los políticos pretenden ejercer sobre la libertad de prensa y el poder judicial. Pero también es una advertencia acerca del desplazamiento del poder hacia otro ámbito: el de los datos. Salud, economía, datos personales, preferencias, consumo y relaciones. Una inmensa cantidad de información que, como explica Ranucci, corre el riesgo de convertirse en el verdadero instrumento de control de la sociedad contemporánea. Y el nombre que se repite en su relato es Palantir, la empresa fundada por Peter Thiel.

"¿Lavitola? De eso no hablo porque cada declaración que hago es instrumentalizada"

Durante la entrevista, Cusimano aborda uno de los temas más delicados: la relación entre Ranucci y Valter Lavitola, hoy arrestado como instigador del ataque contra el periodista.
Ranucci prefiere no entrar en detalles sobre las declaraciones que hizo a los investigadores: "No es que no hable de Lavitola porque tenga miedo. No hablo de Lavitola por dos razones: primero, porque cada declaración que hago es instrumentalizada. Segundo, porque hablo de ello con los magistrados y porque estoy escribiendo un libro".
Respecto a la relación entre el atentado y la posterior cobertura mediática, el periodista establece una distinción precisa: "Debemos separar la historia de la bomba de la historia de la comunicación sobre la bomba, porque no sé si hay un cerebro director detrás de la bomba. De lo que sí estoy seguro es de que hay un cerebro detrás de la comunicación sobre la bomba".
Ranucci repasó entonces la secuencia de reconstrucciones que circularon tras el atentado con el coche bomba, recordando las acusaciones e insinuaciones que lo rodearon. Desde la supuesta póliza de seguro del coche hasta las historias sobre su vida privada.
"Pasamos del coche bomba al mitómano en tres meses", afirmó. Esto también provocó su destitución forzosa como conductor del programa Report de la RAI.
Una decisión que el periodista ha impugnado, presentando un recurso urgente, cuya vista está prevista para mañana por la mañana ante la tercera sección del Tribunal Laboral de Roma.
Desde una perspectiva judicial, el asunto se mantiene al margen de las valoraciones de Ranucci: según su defensa, Lavitola admitió su participación en la organización del atentado, pero sostuvo que la idea de la bomba era de otra persona y negó cualquier motivación política.


"No temen mi participación en política. Temen que sea el conductor de Report"

Sin embargo, Ranucci se ha pronunciado repetidamente sobre la libertad de información. "La idea de que un conductor sea impopular entre los políticos y, por ello, sea despedido de una emisora pública, independientemente de sus resultados, de su integridad y de su credibilidad, es inaceptable".
Y aquí recuerda una vez más la lección de Roberto Morrione: el público que paga el canon de la licencia es el verdadero referente de la radiodifusión pública.
"No se combaten solo las batallas que se ganan", recordó Ranucci.
Una frase que cobra especial relevancia en un momento en que, según el periodista, el problema ya no se limita a la censura tradicional. El riesgo es mucho más complejo: cambiar la forma misma en que las personas reciben, seleccionan e interpretan la información.


El poder de los datos: "Con mi tarjeta sanitaria están haciendo lo mismo que harían con las de ustedes"

Aquí es donde la historia de Ranucci llega al meollo de El regreso de la casta.
El periodista dedicó una parte importante de su discurso a Palantir, la empresa tecnológica estadounidense fundada por Peter Thiel y especializada en el análisis de grandes volúmenes de datos.
Ranucci argumentó que Palantir fue ampliando progresivamente su alcance, estableciendo relaciones con aparatos estatales y sectores estratégicos.
"Se utiliza para detectar y prevenir el terrorismo, las amenazas a Estados Unidos y para localizar a sus enemigos", explicó Ranucci. Y entonces plantea la pregunta crucial: ¿qué sucede cuando la misma capacidad de cruzar información se aplica a la vida cotidiana de millones de personas?
El periodista relató un episodio relacionado con la compra de un coche y la solicitud de una tarjeta sanitaria para obtener financiación, vinculándolo a las relaciones comerciales entre las compañías automovilísticas y las tecnológicas.
Y pronunció una frase que se convertiría en uno de los momentos clave de la reunión: "Peter Thiel hace con mi tarjeta sanitaria lo mismo que haría con la de ustedes, con sus datos". El problema, según Ranucci, no reside solo en saber qué información posee una empresa, sino en poder contrastarla. "Cuando sabes que hay una persona que sufre ataques de vez en cuando, que tiene problemas de salud, y que solicita un préstamo o financiación, quizás no merezca la pena ofrecerle la prima más alta".
Se trata de la transición de la recopilación de datos a la capacidad de crear un perfil completo del individuo: situación económica, estado de salud, consumo, aficiones y relaciones.
"Existen elementos de discriminación por motivos puramente lucrativos, pero también por control de la información".

"Palantir conoce tu salud, tu situación financiera y tu información"

Ranucci amplió su razonamiento: «Cuando solicitas un préstamo, ten en cuenta que alguien conoce tu salud, tu situación financiera e incluso la de tu empresa». El problema ya no es solo la privacidad, sino el poder.
Quienes poseen enormes cantidades de datos pueden conocer a una sociedad mejor que la propia sociedad. Pueden identificar comportamientos, predecir reacciones, clasificar individuos y establecer correlaciones.
Esto es lo que Ranucci denominó "democracia de la vigilancia".
En su análisis, Palantir se presenta como uno de los ejemplos más avanzados de esta transformación. Ranucci también mencionó el papel de la empresa en el análisis de información utilizada en operaciones militares y de seguridad, señalando que sus tecnologías se han empleado en contextos extremadamente sensibles.


"Las redes sociales se han convertido en un método de colonización"

Para Ranucci, la cuestión de los datos es inseparable de la de las redes sociales. "Hemos elegido las redes sociales como medio de información", argumentó.
Pero, en su opinión, las redes sociales no se crearon para funcionar como periódicos. Su modelo económico se basa en la permanencia del usuario en la plataforma, en la recopilación de información y en la capacidad de segmentar el contenido y la publicidad.
"Es como si habláramos a diario con una especie de bibliotecario borracho. Porque nadie afirma que la noticia sea cierta, la que se nos exhibe. Más bien, es la aplicabilidad el concepto que prioriza una noticia, es decir, su atractivo. Y esto es un problema porque es como si tomáramos una gota de cicuta por día, así es como nos envenenamos con esta información falsa".
Un mecanismo que, según Ranucci, puede producir enormes efectos políticos y sociales.


De la recopilación de datos a la manipulación de las conciencias

La conclusión de este razonamiento es inquietante: si los datos nos permiten comprender a las personas, los algoritmos también pueden usarse para influir en sus comportamientos y percepciones.
Ranucci cita el ejemplo de imágenes falsas o descontextualizadas que se comparten millones de veces para alimentar el miedo y la alarma social.
¿Cuántas conciencias se habrán manipulado antes de que nadie se diera cuenta? ¿Cuántas conciencias jóvenes se podrán manipular? Las que carecen de las herramientas para comprender y asimilar tal fenómeno.
Aquí es donde la libertad de prensa se entrelaza con la libertad individual.
Porque si la información se reemplaza por un flujo personalizado de contenido producido y distribuido por plataformas privadas, el problema ya no radica solo en quién posee un periódico o una cadena de televisión.
El problema se convierte en quién decide qué ve cada uno de nosotros.


"Nos quitaron nuestros derechos y no nos dimos cuenta"

Ranucci vinculó este proceso con la erosión progresiva de los derechos.
"Comienzo este libro con una carta de disculpa a la República Italiana porque estábamos distraídos, nos quitaron nuestros derechos y no nos dimos cuenta".
Sanidad, educación, investigación, seguridad, empleo e información. Todo, según el periodista, corre el riesgo de ser subordinado progresivamente a la lógica del lucro y el control.
Y la tecnología puede convertirse en la herramienta mediante la cual esta transformación se vuelve invisible. "En los últimos años, lo hemos entregado todo a lo digital".
Una frase que Ranucci repitió como advertencia.
Porque si la sanidad, la administración pública, la defensa, la justicia y la información dependen de infraestructuras tecnológicas controladas por unas pocas entidades privadas, la soberanía ya no se trata solo de territorios.

Se trata de servidores. Algoritmos. Datos.
El riesgo es que "el mundo del futuro se divida en individuos soberanos, hombres con un alto coeficiente intelectual, que participen de la riqueza mundial pero no del bienestar, depositados en una suerte de paraíso fiscal cósmico gracias a la implementación del dinero electrónico. Un ejemplo -siguió diciendo- es lo que está haciendo Trump en Estados Unidos: implementar políticas de Bitcoin, y entonces no habrá más bienestar social, ni sanidad pública privada, ni seguridad pública, ni investigación, ni educación pública. Y como todo esto provocará discriminación, ya prevén que podría haber enfrentamientos, conflictos sociales. ¿Cómo se controlan, entonces? Con políticas de vigilancia como las de Palantir. Pero también pagando una especie de renta básica universal que quizás no sea suficiente. ¿Qué necesitamos, entonces? Necesitamos una forma de opio digital. Es decir, la idea de estar conectados las veinticuatro horas del día".
Luego continuó con otro ejemplo: "Hace diez años, ¿cuánto tiempo pasábamos conectados? ¿En nuestros teléfonos móviles? Una hora, una hora y media. Ahora pasamos unas cinco o seis horas al día. Nuestros hijos probablemente pasan más. Dentro de diez años, ¿cuántas horas nos quedarán? Y entonces el mundo, como dijo Salvatore, estará dividido entre individuos con un alto coeficiente intelectual y el resto. Trump suele hablar en reuniones; este hombre tiene un alto coeficiente intelectual. Elon Musk lo afirma. Pues bien, ¿cuántos de ustedes han notado un aumento en las pruebas en sus teléfonos en los últimos meses? Y este es un proyecto que proviene de esa parte del mundo y cuyo objetivo es la vigilancia. Ahora necesitamos saber estas cosas porque ya ven lo que la vigilancia de las personas implica para la democracia".


"El peligro para la democracia es la nueva derecha tecnológica"

En la parte final de la reunión, Ranucci habló de una posible transformación geopolítica en la que el control de la infraestructura digital podría volverse más importante que el control de las fronteras físicas.
Estoy convencido de que en unas décadas ya no habrá guerras por fronteras geográficas, porque carecerán de sentido; habrá guerras para controlar las fronteras de los medios digitales, porque el mundo girará en torno a ellas y se podrá gobernar el mundo.
Y añadió: "De ahí proviene el peligro para la democracia, de la nueva tecno derecha, la democracia de la tecnología".
Para Ranucci, la respuesta no puede ser el rechazo a la tecnología. Más bien, es la necesidad de que los ciudadanos y las instituciones comprendan quién es el propietario de la infraestructura, quién controla los datos y según qué reglas se utilizan. "Si no empezamos a pedir a los políticos que rectifiquen, que cambien su perspectiva, que recuperen nuestra tecnología, nuestra investigación, solo podremos hacerlo junto con Europa".


La batalla recién empieza

La conversación con Cusimano concluye retomando el papel del periodismo.
En una Sicilia que ha visto caer a magistrados y periodistas a manos de la mafia y el terrorismo, la defensa de la información libre no puede ser solo una cuestión de memoria. Ranucci recordó a los periodistas amenazados, a los asesinados y, sobre todo, a quienes siguen trabajando en los territorios sin la protección de los grandes grupos editoriales. Finalmente, retomó su llamado a la defensa de la Constitución, con las palabras que cierran el libro: "Mientras resistamos, la élite no podrá triunfar".
Una frase que se convierte también en una declaración de intenciones: seguir informando, cuestionando y defendiendo el derecho de la ciudadanía a saber qué ocurre en los centros de poder.


*Foto de Portada: Antimafia Duemila