Por Jean Georges Almendras-5 de junio de 2022
Con la reciente captura -como resultado de una delación aportada al fiscal colombiano al mando de las investigaciones- de quienes tomaron parte operativa en el magnicidio Pecci -hecho consumado en la playa caribeña de la Isla de Barú, en Colombia, el día 10 de mayo de este año- se abrieron los pórticos de una verdad trágica, cuyo sacudón tuvo una carga transnacional que marcó un antes y un después, con un rigor criminal que felizmente pudo ser revelado con celeridad asombrosa por las fuerzas de seguridad colombianas. Entonces, ahora, las verdades de un magnicidio escalofriante comenzaron a ganar las calles y los rostros de los sicarios tuvieron nombres y apellidos, y tareas asignadas, que desenfrenadamente abrieron las esperanzas o mejor dicho, la premura, por desentrañar -de una muy buena vez- qué suerte de entramado siniestro se tejió por detrás, o más bien, quiénes en definitiva fueron los personajes involucrados desde el sitial de los mandantes que delinearon el guion de aquella jornada de sangre y plomo, a plena luz del sol colombiano.
Como un ritual, cada vez que hay estragos de esta naturaleza, todo dato novedoso hace parte del sacudón y del impacto que sembró la tragedia, y en ese contexto, ya a sabiendas de los buenos pasos dados por las autoridades, nos urge a todos profundizar en las particularidades del hecho, que costó la vida al fiscal paraguayo, de 45 años de edad, Marcelo Pecci, quien al momento del atentado estaba acompañado de su esposa (embarazada) Claudia Andrea Aguilera Quintana, de 34 años, quien felizmente resultó ilesa.
Tomaron parte del magnicidio, cuatro ciudadanos colombianos y un ciudadano venelozano. De acuerdo a las informaciones que han ido ganando terreno público, los “presuntos” involucrados -cuya captura se concretó por el hecho de haber sido delatados por un informante- fueron identificados como Francisco Luis Correa Galeano (que habría tenido entre manos la misión de articular al grupo y ser el coordinador financiero); Wendret Carrillo (supuesto autor de los disparos mortales); Eiverson Zabaleta Arrieta (como presunto encargado de haber transportado a los sicarios hasta la isla de Barú); Marisol Londoño y su hijo Cristian Camilo Monsalve (presuntos responsables de hacer tareas de inteligencia para obtener datos que aportaron a los sicarios, como por ejemplo, los pasos del fiscal Pecci en territorio colombiano).
Tal, uno de los primeros esquemas estructurales del grupo operativo criminal, definido por las autoridades no bien se concretaron los arrestos de todos los presuntos implicados, y que fueron difundidos a los medios de comunicación de Colombia y de Paraguay, y a través de las agencias de noticias internacionales.
Pero hay más: el operativo policial, como lo informamos oportunamente, tuvo lugar en un punto muy bien definido de la ciudad de Medellín, en Colombia, y según trascendió, el mismo habría sido un inmueble (no se ha divulgado el barrio donde estaba ubicado) en el que funciona una “oficina de cobro” perteneciente a un relevante cartel del narcotráfico de Medellín, aliado a una organización similar del Paraguay, con el cometido de fraguar el crimen.
En el marco de dibujar -si acaso someramente- la fase embrionaria del magnicidio, la hipótesis que más cobra fuerza hasta el momento, apunta a que el atentado a Pecci se habría gestado desde las entrañas mismas de elementos criminales alojados en algunas cárceles de los Estados Unidos, que podrían estar seriamente vinculados a estructuras criminales de Brasil y Paraguay, que igualmente habrían resultado funcionales al hecho en sí. Hasta el momento es muy escueta la información que ha podido salir a los medios, sobre este tema (que es de una aspereza inevitable, por su propia naturaleza) que se relaciona estrechamente con la ideología del atentado.
En tanto la labor policial conjunta de fuerzas de Colombia, Paraguay y Estados Unidos sigue su curso, tendiente expresamente a seguir hilvanando responsabilidades y caminos para llegar -certeramente y celeramente- a los mandantes del atentado al fiscal Pecci, los cinco detenidos, según se pudo saber en las últimas horas, fueros derivados desde Medellín hasta un centro de reclusión de la ciudad de Cartagena. Trascendió que la comitiva que concretó su traslado significó un operativo de extrema seguridad, tomando parte efectivos de fuerzas de elite y especializados de Colombia.
Desde el punto de vista legal, siguiéndose al pie de la letra las normativas vigentes en Colombia, las cinco personas detenidas recién habrán de ser imputadas por la justicia, y seguramente en ese contexto del proceso, el Ministerio Público (la Fiscalía) pediría para ellos, formalmente, su respectiva prisión preventiva. Todo un proceso legal, que, de hecho, demandará su tiempo.
Desde el Paraguay, el diario ABC Color dio a conocer el pasado viernes, a poco de la captura de los involucrados en el atentado, informaciones que se refieren a que los sujetos habrían sido delatados por una persona ante las autoridades.
Se describe lo siguiente en el medio periodístico paraguayo: “El fiscal a cargo de la audiencia señaló que se cuenta con una información del 29 de mayo, de una fuente humana, quien manifiesta conocer a las personas que participaron en este homicidio del fiscal Pecci, señalando que sabe sus ubicaciones y viven en Medellín. Dijo que también sabía donde viven Marisol y Cristian, en una urbanización en Medellín. Esta fuente dijo que Wendret es flaco, de tatuajes. Dentro de esos inmuebles se encontraban las personas que se pretendían capturar y estaban los elementos como armas, celulares y ropas con las que cometieron el homicidio en mayo pasado. La Fiscalía tiene videos e imágenes”.
En El Espectador, por ejemplo, se agrega también: “Según el fiscal general, Francisco Barboza, la captura se habría dado mediante dos diligencias allanamiento y registro, realizadas entre la Fiscalía y la Policía Nacional”.
La paciente espera por conocer más del magnicidio Pecci, es ahora lo que nos concierne, mientras allá, a miles de kilómetros donde nos encontramos, se van destrabando informaciones y se van descubriendo verdades, alrededor del proceso judicial al que están sometidos los sicarios. Algunas de esas verdades -cuando salgan a la luz pública- quizás nos sorprendan y nos impacten, pero eso no será, ni es obstáculo para que la justicia haga lo suyo, sobre un caso de ribetes estremecedores, por lo que significó para la antimafia transnacional, más allá de lo que le significó para la familia de Marcelo Pecci, y en particular para su esposa, hoy viuda, y para la criatura que lleva en sus entrañas, a la que seguramente la historia le deberá explicar que su padre fue un hombre justo y que su trabajo representó muchísimo para la sociedad humana, y para la legalidad.
Todo el peso de la Ley deberá caer sobre los asesinos del fiscal, pero más aún sobre quienes financiaron la mano de obra criminal, en un hecho que ya hoy es un tema de interés internacional, de ribetes mediáticos y de una magnitud indescriptible.
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*Foto de portada: El Espectador, captura de pantalla